Llave inglesa

La llave inglesa

La llave inglesa es una herramienta para el montaje de tornillos y tuercas de cabeza hexagonal. La diferencia entre esta llave y las fijas está en su característica de ser ajustable, lo que permite que se emplee una misma llave para el trabajo con gran variedad de medidas de dichos elementos.

La llave inglesa es una herramienta que se emplea en el ajuste de tuercas y tornillos, que resulta fundamental para realizar la tarea sin deteriorar los elementos, a diferencia de lo que ocurre al utilizar alicates para la operación, ya que estos poseen mordazas dentadas que producen deterioro en las superficies de las piezas a ajustar.

Esta llave es ajustable, ya que posee una mordaza compuesta por una parte fija y otra móvil comandada por un tornillo sinfín ubicado en la base de la boca, lo cual permite que se adapte a las distintas medidas de las tuercas y tornillos, a diferencia de las otras llaves que son fijas. La parte interior de la boca es lisa para que no produzca melladuras en las tuercas o cabezas de tornillos.

Hay diversos tamaños de llaves inglesas, dependiendo de los elementos para los cuales estén destinadas. También hay variedad de formas de estas llaves, desde las primitivas, que se ajustaban mediante cuñas que requerían la ayuda de un martillo para ajustar la cabeza móvil, hasta las más modernas que poseen un mecanismo automático de ajuste.

Características de la llave inglesa:

Las llaves inglesas son llaves ajustables empleadas para el montaje de tornillos y tuercas. Estas herramientas están construidas con acero de gran resistencia y dureza. La boca está ligeramente inclinada respecto al eje del mango para facilitar la operación de ajuste.

La diferencia entre la llave inglesa y las llaves fijas, está en la capacidad de la primera de ajustar su boca a la medida del elemento que va a montar, haciendo posible el uso de una misma herramienta para una infinidad de medidas posibles, lo cual requeriría un gran número de llaves fijas.

La primitiva versión de llave inglesa, que consistía en una llave ajustable por cuñas, tiene un origen desconocido, pero las primeras versiones de llave con tornillo se atribuyen a Edwin Beard Budding (1795-1846) y al sueco Johan Petter Johansson, quien las patentó en 1892. Dicho herrero habría inventado esta herramienta para sustituir el pesado juego de llaves fijas que debía transportar para su oficio. Por tanto, el origen de esta herramienta está en la necesidad de un instrumento capaz de cubrir un gran espectro de usos.

La llave inglesa

 

Algunas de las variantes de llave ajustable son la llave de grifa y la llave de perro.

La llave de grifa se utiliza en fontanería y su parte móvil se desplaza mediante un tornillo sinfín, pero su boca se encuentra perpendicular al mango, lo cual facilita el ajuste. La parte interior de la boca presenta un dentado que le permite roscar y desenroscar elementos con cabeza circular.

La llave de perro no posee un tornillo sinfín para el ajuste de la boca, sino que tiene un mango ajustable con varias dentaduras para fijar el elemento pivotante del mecanismo.

El uso de la llave térmica es sumamente recomendable para instalar en el hogar cuando se disponen de artefactos de mediana y alta potencia. Su funcionamiento evita que se dañen los diferentes aparatos, donde en caso de que se genere una falla eléctrica la llave salta antes de que se quemen resistencias y motores.
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